Zein Zorrilla: El Artillero de la Ficción

por Juliano Vasconcellos (Brasil)

La novela andina contemporánea

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(Manifiesto del María Angola) 

Zein Zorrilla 

 

 

            Cuando recibí la noticia del premio, fui embargado por una inmensa alegría.  Sentí que en mi novela se premiaba a todas las novelas andinas contemporáneas que con diversa fortuna se producen en este tramo de la cordillera.  Lo sentí, y lo pregoné:  es un premio a la novela andina.  

            Una vez serenada la emoción, fui asaltado por una interrogante, que me la planteó hace unos años el novelista Miguel Gutiérrez y que desde entonces me visita de modo recurrente.  La resumo parafraseando a Raymond Carver:  ¿De qué hablamos cuando hablamos de novela andina?  

            Aventuraré una definición de lo que entiendo por novela y por andina, dentro de las coordenadas contemporáneas.  

Entiendo por novela aquel novedoso producto del intelecto que aparece en la cultura de occidente a comienzos del siglo XVIII y que al entender del estudioso Ian Watt es el producto ficcional que no le debe a la crónica ni a la biografía, a la epístola ni a

la Historia con mayúscula, menos a la leyenda, sino que es un artefacto literario cuyo propósito es narrar las venturas y desventuras de gentes comunes –como nosotros.  Sí, narrar, pero también emocionar.  Dos funciones capitales al Arte de

la Ficción; arte que hasta la aparición de la novela venía manifestándose en el formato de narrativa oral, y en el formato de Teatro.

 Y será justamente a esas dos manifestaciones que la novela tomará en préstamo sus elementos y los adecuará a sus fines:  trama, personajes, escenografía, voz narrativa, etc.  El manejo diestro de estos elementos en las manos de Gustave Flaubert y Jane Austen, de Joseph Conrad y Henry James, es que el nuevo género ficcional alcanzará su esplendor en el siglo XIX.  

            Esa es mi definición de novela.  La definición de Andina parece más sencilla todavía.  Entiendo por andina toda manifestación cultural que se genera en el espacio geográfico de los andes.  ¿Definición sencilla?  En apariencia.  Pues dicha circunscripción territorial le ha casi impuesto una temática:  las vicisitudes humanas de los hombres de esos territorios, sus negros temores y sus luminosas esperanzas.  

Ya los fundadores del subgénero Novela Andina se ocuparon del material que les brindaba este escenario social.  Para el caso peruano fueron Ciro Alegría y José María Arguedas que fundaron una novela andina de sesgo indigenista.  En esta perspectiva, el indigenismo fue apenas el rostro circunstancial o coyuntural de la novela andina.  El Ande era, a comienzos del siglo XX, el espacio físico donde se libraban los conflictos de una sociedad poblada de terratenientes y yanaconas.  Y la principal fuente de conflicto lo constituía la posesión de la tierra.  

Pero transformadas las serranías desde finales de los setenta del siglo pasado, por efecto de los cambios sociales que estremecieron las cordilleras y la sensibilidad de sus gentes, la novela andina muda de temas y tramas, de personajes y recursos.  La devastación de la gran sociedad feudal es el gran tema, la migración y la búsqueda de un nuevo orden para los espíritus y para la sociedad son los otros temas.  En el cruce de ellos se hallan los personajes, desgarrados unos, festejando con euforia sus magros triunfos los otros.  Identidades en crisis y recomposición, actuando sobre la sociedad feudal de los Andes unas veces, sobre las ruinas de una Lima colonialista en otras.  

De este modo, los temas de la novela andina contemporánea, no son más los temas de la novela indigenista.  Ojo ahí:  novela andina no es sinónimo de novela indigenista.  Para dar fe de ello están las obras de variados escritores que novelan la vida de los Andes, desde Miguel Garnett en Cajamarca, hasta Luis Nieto y Rosas Paravicino en el Cusco; desde Edgardo Rivera Martínez en la antigua capital Xauxa hasta el olvidado Marcos Yauri Montero entre las nieves de Huaráz.  

Pero todavía resta realizar una precisión:  ¿por qué contemporánea?  Podemos decir que por los temas, sí; pero también por la formalización.  

Es sabido que desde sus inicios la novela atravesó por diversas mudas formales, adecuándose a los fines que cada siglo le impuso.  Luego de florecer en el Siglo XIX, tuvo que soportar –y aún soporta- los embates del Modernismo, del Posmodernismo, movimientos cataclísmicos preñados a su vez de diversos ismos.  Y no sólo la novela sufrió con esos cambios, sino también la sensibilidad de los lectores.  Por obra de los movimientos, pero también de otro lenguaje de la ficción de importancia capital: 

la Cinematografía y su correlato

la Televisión.  La novela universal, por tanto, tiene que replantear los presupuestos estéticos que recibió en legado de las generaciones que la precedieron.

 En ese marco entiendo

la Novela Andina Contemporánea.  Y dentro de ese marco entiendo la obra de escritores tan disímiles como C.E. Zavaleta en cuyos personajes ya asoma la pérdida de centro -típica del emigrante andino-, o escritores como Miguel Gutiérrez que asedia incansable el derrumbe de las sociedades aristocráticas del alto Piura, sociedades afianzadas en el movedizo légamo de la feudalidad.  Y está la obra de Marcos Yauri Montero, tan olvidado él, en cuya obra aparecen ya una serie de metáforas de los conflictos que tensan la sociedad andina contemporánea, como el desilusionante cotejo del Ande de los sueños con el Ande de la realidad.  Y no olvido a Edgardo Rivera Martínez, al que tal vez no le gustaría ser llamado andino por lo devaluado del término, cuya obra sin embargo está atravesada de feliz mestizaje por sus cuatro lados.  Y en los tiempos actuales la gama de escritores va desde el infatigable Félix Huamán Cabrera hasta los conocidos Cronwell Jara y el fértil Oscar Colchado, y los menos conocidos Sócrates Zuzunaga Huayta y Julián Pérez Huaranqa, para sólo hablar de los afincados en Lima.

 Lo que viene aconteciendo en el interior del país merece un párrafo aparte.  A Miguel Garnett, el cura de Cajamarca para quien la fauna andina la constituye la misma que puebla las obras de Dickens, sume usted el trío huanuqueño constituido por Samuel Cárdich, Andrés Cloud y Mario Malpartida, inclinados los tres más a la reflexión y la remembranza bucólica; y el otro trío sureño del persistente Lucho Nieto, el inspirado Enrique Rosas Paravicino y Mario Guevara.  Podríamos hablar de lo que se escribe en Cerro de Pasco, de Sandro Bossio en su fortín de Huancayo, de lo que se escribe en Ayacucho y en Huancavelica, pero ese ya es otro tema.  Lo único que yo trataba era de decirles qué entiendo de la novela andina, una novela sobre la que en esta vez ha merecido el premio del Instituto Iberoamericano Mario Vargas Llosa.  

            Disculpen lo largo del discurso, pero he querido aprovechar la ocasión para proferir a voz en cuello algunos nombres de mis amigos, los escritores andinos en cuyo nombre recibo este premio.

 

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© Juliano Marques de Vasconcellos, 2007.   

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