Zein Zorrilla: El Artillero de la Ficción

por Juliano Vasconcellos (Brasil)

Metáforas de un huaico

Navíos (Chimbote), 2005

Sobre Carretera al Purgatorio de Zein Zorrilla.

 carretera

Editorial Icimavall y Arteidea Editores. Lima, 2003.

 

Ricardo Ayllón

Carretera al purgatorio es la historia de un viaje al ande del Perú, a la zona centro del país. Zein Zorrilla es huancavelicano y, como tal, ha levantado su obra narrativa apelando a sus raíces. Pero este dato sólo es la premisa que delimita el marco espacial del relato; lo importante es el trasfondo anímico configurado por sus personajes, la correspondencia de hechos que organiza la personalidad de lo narrado, la alegoría desprendida en forma de mensaje y alusión. En este sentido, la novela se desarrolla desde la compleja idiosincrasia nacional y el surtido (y sugerente) escaparate de nuestros temperamentos culturales.

Para este fin, es importante prestar atención a la marcada psicología de los protagonistas, piezas de una actual peruanidad que se concibe e interpreta de distintas maneras, de un teatro social en el que cada quién actúa a su particular modo. Para ello, Zorrilla hace uso de una catástrofe natural, un huaico, situando (deteniendo) a todos sus personajes en un mismo lugar y brindarnos de ese modo la versión conjugada de todos ellos. La novela es un capítulo crucial en la vida de Ciro Sotomayor, hijo de hacendados que pretende retornar a la tierra de su infancia, Ingahuasi (un feudo del centro del Perú), sometiendo al lector a la historia de una “desolación”, la de la clase a la que pertenece Sotomayor, menoscabada por los trastornos nacionales sufridos con la Reforma Agraria del siglo XX. Ingahuasi es ahora una comunidad campesina que engendró en sus hijos nuevas formas de descubrirse y mirarse ante la realidad; y esto es lo que hallamos acentuadamente en sus personajes, porque Ciro Sotomayor descifra con asombro el rostro del nuevo ande peruano en este viaje de retorno (interrumpido por el huaico) tantas veces postergado. Todo ha sucumbido ante las transformaciones, los ingahuasinos ya no son los peones del patrón, sino comuneros orgullosos de su nueva condición y con iguales derechos que todos; mientras que, de igual modo, los hijos de los migrantes andinos no tienen por qué sentir el sometimiento y la mansedumbre que muestran sus padres y ancestros ante el antiguo hacendado.

Alrededor de este decisivo escenario social, se tejen circunstancias y referentes complementarios que se corresponden acertadamente con el tema central: la del reencuentro de Sotomayor con Jessica, el amor de la adolescencia; la situación de menoscabo que viven Arroyo y su esposa en La Ponderosa, una hacienda venida a menos; el total desinterés en el ande y en los asuntos de su padre por parte de Helen, hermana de Ciro, quien, establecida en Lima y luego de experimentar una vida turbulenta en Alemania, ve la posibilidad del retorno al hogar como totalmente ajena a su nuevo esquema de vida; y la acaecida experiencia en las guerrillas de Marcos, el hermano de Sotomayor.

Articulados el argumento y el patrón contextual, el huaico se convierte en un muestrario vivo, en un caldo de cultivo de metáforas del Perú de hoy. Lo que Zorrilla consigue, entre otras virtudes, es insertar ciertos signos de la peculiar modernidad de los nuevos habitantes del ande; uno de ellos precisamente es el que produce el viaje como hecho social, es decir, como un fenómeno que abre posibilidades al hombre andino para acceder con mayores frecuencia y facilidad a la urbe; pero he aquí que hay que llamar la atención acerca de si esta correlación fluida con la urbe es verdaderamente la forma de acceder a una modernidad favorable. El tema de la identidad es importante en este sentido, pues advierte acerca de un signo macro de los nuevos tiempos: la amenaza de la globalización. Modernidad e identidad deben confluir en un solo concepto donde jueguen un rol estratégico las conciencias histórica y cultural y la idea de nación que queremos fabricar para el futuro. Por ello, la alienación en esta novela (como desafortunado sinónimo de modernidad) se encuentra eficazmente representada en el habitante del ande, sino en la “nueva vida” del andino habitando ahora la urbe.

Apelar a un huaico como estrategia argumental es detener al hombre andino (al campesino y al citadino del ande, así como al que está en la costa,) para tomarle una radiografía actual en la posibilidad de lograr un diagnóstico situacional. E interrogarnos, con ello, de qué manera estamos implicados y somos afectados por esta realidad en la que la cultura andina ha cobrado relevancia capital, una que resulta legítimo estimar ahora como una reivindicación, como una real transformación, una purga de nuestra coyuntura sociocultural. Por eso un huaico funciona bien como alegoría de lo que ocurre no solo con Ciro Sotomayor (quien verá transformados en adelante su vida y pensamiento con la noticia de los cambios en su tierra de origen), sino de lo que viene ocurriendo en la realidad nacional, un huaico es una propuesta de cambio, de limpieza; luego de la caída de un huaico viene la “limpia” de la carretera, la purga del camino por el que conduciremos nuestro porvenir.

Trasponiendo los parámetros de asuntos esencialmente indígenas, la nueva narrativa andina, siguiendo los recientes sucesos sociales del país, empezó a configurar una temática contemporánea del mestizaje, de las caídas de la burguesía y el feudalismo, de la occidentalización del ande, de una turbulenta modernidad en la que ¿podremos definir finalmente un rostro reconocible para el Perú?; a esta configuración es a la que se suma la narrativa de Zorrilla, donde la realidad se somete a lo ficcional desde una preocupación sincera por reflejar el nuevo universo andino. Narrador maduro y con varios libros en su haber, para Zorrilla dejó de ser problema el manejo expresivo o la elaboración verbal, su preocupación se centra en el afán de narrar un “nuevo orden para los espíritus y para la sociedad” andina, como reconoce él mismo en un manifiesto añadido a la novela. La realidad del ande es otra, el indio supo en más de un caso trasponer los límites de lo territorial y cultural, y ese resultado es el que testimonian, junto a él, narradores como Enrique Rosas Paravicino en Cusco, Miguel Arribasplata en Apurímac, Feliciano Padilla en Puno, Óscar Colchado desde Lima o Macedonio Villafán en Huaraz, sólo por dar unos ejemplos.

Zorrilla nos insinúa desde esta novela la trascendencia de una narrativa que crece como la espuma en este Perú de rostros disímiles, que no hacen otra cosa que proponernos, a la vez que una multiplicidad, una realidad temática que sabe armonizar con el color de nuestras perspectivas y los distintos modos de interpretar el paisaje social que nos contiene.

Tomado de: Revista Navíos (Chimbote, Perú), en http://www.gratisweb.com/revistanavios/Zein.htm

 

 

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© Juliano Marques de Vasconcellos, 2007. 

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