por Juliano Vasconcellos (Brasil)
Martha Cuba Cronkleton
Uno de los fenómenos sociales más importantes acontecidos en el Perú de las últimas décadas ha sido la migración masiva del campo a la ciudad. Esta migración cambió sustancialmente y de manera irreversible la fisonomía de la ciudad y el campo, dando origen a nuevos espacios sociales donde confluyen lo andino y lo criollo. La narrativa peruana no ha permanecido al margen de estos fenómenos. Muchos son los narradores que han escrito sobre el Ande y sus transformaciones. En un principio, los escritores se concentraron en la descripción de eventos externos, fieles a la tradición de la narrativa realista decimonónica para luego pasar al análisis del desgarramiento que genera el proceso migratorio en los personajes y sus historias. Mientras la primera narrativa arguediana presentaba sociedades duales y antagónicas, la narrativa actual explora la multiplicidad cultural de la sociedad peruana y cuestiona lo que significa vivir entre realidades diferentes.
Este es el caso de Zeín Zorrilla para quien el desmonoramiento de las sociedades andinas y su efecto sobre el individuo es un tema recurrente, una obsesión temática si se quiere como lo demuestran sus tres novelas: Dos más por Charly (1996), Las melizas de Huaguil (1999) y Carretera al purgatorio (2003). En estas obras el autor aborda de diferentes maneras, el tema de la transformación de las sociedades andinas, sociedades que están pasando del feudalismo al capitalismo. Sin embargo, no trata de presentar los cambios profundos que se están produciendo en la realidad socio-económica y cultural de la sierra andina peruana como lo hiciera el escritor José María Arguedas en su conocida obra Todas las sangres. Más bien, lo que busca es adentrarse en las modificaciones de la identidad que se vienen produciendo en la sociedad peruana de las últimas décadas y diseñar el perfil del hombre nuevo, del peruano de hoy.Dos más por CharlyEn esta primera novela, Zeín Zorrilla narra la historia de un joven provinciano, Carlos Guzmán que es enviado por sus padres a la ciudad de Lima para seguir estudios de ingeniería. Charly, como le dicen sus amigos, proviene de una familia de clase media quillabambina venida a menos que, en un intento por superar su difícil situación económica, envía a su único hijo hombre a la universidad. Desgraciadamente, Charly no consigue que el sueño de sus padres se haga realidad. Se presenta una, dos veces pero no logra ingresar. En su último intento, al enterarse de que su nombre no figura en las listas de los recién ingresados, cae desilusionado en llantos al piso, actitud que otros estudiantes confunden con la emoción del que ha aprobado el examen de admisión. Sin embargo, no nos enteramos de su fracaso hasta el final de la ficción, lo que nos demuestra a “un narrador diestro que cuenta en su taller narrativo con abundante toma de herramientas y diferentes planos y diseños constructivistas” (Gutiérrez 80). A partir de ese momento, la vida de Charly se convierte en una verdadera pesadilla: vive como un estudiante universitario, como si realmente hubiese ingresado a la universidad. Asiste a clases, tiene cuadernos, va a la biblioteca. Inclusive, recibe la ayuda financiera de sus padres y hermana. Pero, se trata en realidad de una gran farsa, ya que lo único que Charly desea es volver a su tierra natal para establecerse allá. Eventualmente, este vivir un presente que constituye una mentira y la inhabilidad de escapar de ella lo llevan al suicidio.Nuestro protagonista no pertenece al común denominador de migrantes que dejan la sierra y viaja a la capital de provincia o del país para hacerse un futuro mejor. No lo impulsan sus propias ambiciones o aspiraciones personales. La migración de Charly tiene un origen claro: la devastación de la gran sociedad feudal de la sierra peruana. Charly proviene de una familia de terratenientes venidos a menos. En el pasado, estas familias constituían el centro de la sociedad. Sus valores se fundaban en la propiedad de la tierra, los privilegios de sangre y los apellidos. Tenían en una palabra, una mentalidad feudal. Sin embargo, la vida en la sierra ya no es la de antes: todo ha cambiado a raíz de las movilizaciones campesinas, la ocupación de tierras y la reforma agraria. Ahora las familias de terratenientes no representan más que una clase empobrecida que se ha visto obligada a dar paso a los nuevos amos de la región: los comerciantes y los pequeños o medianos terratenientes que se han industrializado. Ante el desplome de esta sociedad, la familia de Charly ve en la profesionalización del hijo una posibilidad de permanencia y continuación. El estudio en una universidad capitalina, la obtención de un título profesional se ve como fuente de riqueza, honor y bienestar. Charly, sin embargo no logra ingresar y vive en una permanente impostura, incapaz de hallar solución a su drama existencial, de reconciliar, de alguna manera, los dos mundos en los que le ha tocado vivir.Sin embargo, no toda experiencia migratoria tiene por qué ser traumática. Charly no representa el primer caso de un migrante que sufre problemas de desadaptación. La cuestión aquí es si nuestro personaje va a poder superar el desajuste socio-sicológico que le generado vivir en la capital. Zorrilla se vale de tres personajes para demostrarnos que el ascenso social a través de la profesionalización no representa la única opción: Delmiro, Edwin Zamalloa y la Negra Echegaray. Todos ellos emigraron y aunque pueden no haber cumplido sus sueños, lograron sobrevivir, encontrar un término medio que les permitiera continuar sus vidas. Delmiro es un mestizo que tiempo atrás había logrado ingresar a la universidad en Lima pero que decidió abandonar sus estudios de medicina para entroncarse en una comunidad indígena de las alturas. Si bien la experiencia migratoria no fue positiva para él, Delmiro no tuvo problema alguno rehaciendo su vida. Ahora administra la destilería que había pertenecido a sus abuelos. En el caso de Edwin Zamalloa y la Negra Echegaray, la situación es diferente. Como bien lo señala Baquerizo, ellos son hijos de hacendados o de simples agricultores que desplazados del campo, optaron por migrar a las grandes ciudades (Dos más por Charly 163). Edwin es un antiguo compañero de escuela de Charly cuya vida cambió cuando la hacienda de los Zamalloa, La esmeralda, dejó de producir. Como resultado, emigró al Cuzco y se convirtió en presentador de espectáculos. Ahora “se dedicaba al arte. Los tiempos los exigían” (30). La Negra Echegaray, por su parte, que había sido coronada en su juventud como reina de la feria, decidió al igual que Edwin viajar al Cuzco. Aunque la experiencia migratoria no había sido positiva para ella puesto que se vio obligada a abandonar sus estudios de obstetricia y buscar un trabajo en una botica de barrio, consiguió empleo como bailarina y acompañante de turistas. Si bien Edwin y la Negra no llegaron a hacer realidad sus sueños, ellos lograron sobrevivir, adaptarse de alguna manera a su nueva realidad.Este no es el caso de nuestro protagonista a quien se le presentan dos oportunidades de hacerse una vida diferente a la propuesta por sus progenitores: trabajar con Delmiro o entrar al negocio del transporte. Aduciendo fatiga mental, Charly retorna a su pueblo y empieza a trabajar en la destilería de Delmiro, donde aprende a conocer los campos de caña, los depósitos de azúcar, las marcas de la levadura y sus proporciones. Llega a conocer el oficio y se siente a gusto con él por lo que resuelve permanecer en Quillabamba y no retornar a la capital. Sin embargo, a pesar de que este trabajo hubiera significado una contribución importante para la familia Guzmán, los padres no se dejan convencer por el hijo, no permiten que cambie de rumbo ya que no es el aspecto financiero lo que más les preocupa sino más bien reemplazar aquellas variables que determinaban la posición social en el pasado con otras que les permitan volver a alcanzar una situación similar. La segunda alternativa de vida se le presenta a Charly con Celia, una mujer tarmeña cuyo sueño hubiera sido estudiar en la ciudad de Lima pero que al no ingresar a la escuela de enfermería en Tarma, se dedica al negocio de la verdulería llevando frutas y verduras a Lima. Celia convence a Charly a que se dedique al negocio del transporte y aunque a nuestro protagonista no le interesan en realidad ni el negocio ni el dinero, se deja convencer. Nuevamente la familia de Charly impide que esta ventana de oportunidad se materialice puesto que tiene un sólo objetivo en mente: lograr el ascenso social a través de la profesionalización de Charly
No hay duda que ambas posibilidades le hubieran permitido a Charly tomar el control de su vida. Sin embargo, no tiene el valor, la fuerza o el interés de enfrentar a su familia. Nada parece interesarle, nada parece motivarlo y sacarlo del pozo en que se encuentra. Nuestro protagonista se halla escindido. Parece no haber solución a su dilema existencial. Charly se encuentra entre “el ayer y el allí de un lado, y el hoy y aquí, por otro” (Cornejo Polar 209). Con la añoranza que caracteriza a muchos mestizos confiesa: “no me hallo en la ciudad. Extraño algo, los árboles, los grandes ríos, ¿sabes? Hay unas piedras en el fondo de los ríos de la sierra que soportan la venida de los inviernos, se ocultan bajo las aguas y reaparecen nuevamente intactas y brillantes una vez que las lluvias se han ido” (64). En contraste, la ciudad se presenta como un monstruo devorador de seres humanos en el que Charly no quiere vivir ni un segundo más: “me cansó, me hartó, me saturó la ciudad con sus mil ómnibus que no sé de donde vienen, no sé a donde van, no sé a quienes llevan, ni sé esos que harán. ¿Esto es la vida?” (64). No hay duda de que Charly es un sujeto débil que no ha podido adaptarse a los grandes cambios que se han dado en la sierra del Perú. El es un sujeto que tiene aún un pie en la sociedad feudal y otro en la moderna. Su desgracia: nos saber como encontrar el camino que le permita la convivencia de los dos mundos en los que le ha tocado vivir.
Las mellizas de HuaguilLas indagaciones de Zeín Zorrilla acerca de las alternativas de identidad que se le presentan al peruano de hoy se profundizan en su segunda novela Las mellizas de Huaguil. Aquí al igual que en Dos más por Charly, las acciones transcurren en dos escenarios: la sierra y la costa y tienen como telón de fondo un país en plena transformación. La trama sigue la historia de dos hermanas desde los tiempos adolescentes hasta la edad madura. Rosaura deja el agro y se instala en Huancayo, ciudad que soporta una creciente migración interna, pasa a Lima donde prospera con el negocio de frutas y luego con el de ropas de novia. Inés, por su parte permanece en el campo por acompañar primero a la madre, luego al marido, finalmente al hijo y enfrenta los cambios que trastocaron el Ande: la reforma agraria y la guerrilla de Sendero Luminoso. Tanto Rosaura como Inés grafican dos actitudes opuestas ante las radicales transformaciones que han tenido lugar en la sociedad andina en años recientes. Rosaura, que fue criada por la mamá de Inés como una hija, decide abandonar a su madre y hermana justo en el momento en que en Huaguil se empiezan a asentir las consecuencias de la reforma agraria. Rosaura sabe que el país está atravesando cambios, y quiere formar parte de los mismos. Ella viaja primero a Huancayo donde vende fruta y es sólo después de un tiempo que ella logra establecerse en Lima. Rosaura es ahora una mujer de empresa, y representa sin lugar a dudas la cara exitosa de la migración. Sin embargo, esta posición de la que ahora disfruta no se dio de la noche a la mañana. Como la mayoría de los migrantes, tuvo que empezar desde abajo: como una chola del mercado. La presencia de esta figura literaria no es nueva en el marco de la narrativa peruana. Ya José María Arguedas nos había descrito el levantamiento de las cholas liderado por doña Felipa en Los ríos profundos. Sin embargo, mientras que en esta novela las cholas intentan lograr un cambio por medio de la movilización política, en Las mellizas de Huaguil se destacan por representar intermediarios económicos y culturales. Efectivamente, como lo demuestra la estancia de Rosaura en la ciudad de Huancayo, Rosaura es capaz de articular dos mundos radicalmente diferentes: el de la economía campesina por un lado, y el de la economía capitalista, por otro, al formar parte el mercado donde ella trabaja de un sistema global más amplio. Sin embargo, para triunfar, Rosaura debe realizar el primer cambio importante que le permitirá acceder al mundo en el que ella anhela tanto vivir: cambiarse de nombre. Generalmente el nombre constituye un elemento que nos distingue, nos individualiza. Forma parte de nuestra personalidad. Al mismo tiempo, es un elemento distintivo de la identidad, es expresión de pertenencia cultural. No obstante, no bien llegada a Huancayo y siguiendo los consejos de su amiga Digna, Rosaura elimina su nombre propio y adquiere un nombre de origen no andino. Es así como Rosaura Pacheco se convierte en Charo Malpartida, para después pasar a ser Lucy Llerena y, por último Katty Jiménez. El cambio de nombre se ve como un requisito esencial en el proceso de blanqueamiento, ya que un nombre de clara procedencia andina la hubiera puesto en desventaja: “¿qué hacer? ¿decir que soy fulana de tal y dejarme aplastar tranquilamente? (28). Rosaura es conciente que su nombre la hubiera podido haber excluido del proceso del cual ella quería ser partícipe. El cambio de nombre se ve como el primer paso en el proceso de aculturación de Rosaura. A ella no le importa perder su identidad andina, perder sus raíces porque considera que la identidad que está ganando bien lo vale. En este sentido, la relación identidad-modernización tiene un sesgo totalmente negativo pues supone una desfiliación cultural.A diferencia de Charly, Rosaura no se mueve entre la nostalgia y el presente. Si bien al principio se comunicaba con Inés, no era tanto a causa de la añoranza o la preocupación por los efectos de los avances terroristas sino que respondía al interés de tener a alguien que la pudiese ayudar como vendedora de fruta primero y luego en la juguería. Rosaura solo tiene un objetivo en mente: incorporarse a la modernización. Gracias a su esfuerzo Rosaura logra convertirse en una mujer con una situación económica envidiable. Cuando regresa a Huaguil, es evidente que Rosaura es “una mujer diferente a las conocidas, de cabellera blonda y piel blanca, a penas tostada por el sol de ciudades desconocidas” (10), “blanqueada la piel a fuerza de cremas, rojo el pelo con las raíces que insinúan el verdadero color, las huellas del bisturí que han abreviado la nariz y han tensado los párpados” (136). La misma Inés considera que Rosaura es “una mujer alta y voluminosa y con ese pelo y sus prendas, una mestiza de la ciudad” (17). Es decir, el intento por desligarse de lo indígena y lavar su origen indio ha dado resultado El costo, sin embargo, ha sido alto: ha tenido que renegar de su familia, su pueblo y sus tradiciones.Mientras Rosaura nos permite apreciar las consecuencias de la transformación de las sociedades andinas sobre el individuo que emigra, Inés como personaje, nos permite establecer comparaciones entre el Huaguil de antes, en pleno furor de la feudalidad, y el Huaguil de hoy, aque que Rosaura prácticamente no reconoce a su regreso. A diferencia de su hermana, Inés no ha tenido el valor necesario para abandonar a su madre en una coyuntura particularmente difícil ya que la partida de Rosaura coincidió con los problemas que empezaron a surgir en Huaguil a raíz de la Reforma agraria. Por otro lado, empujada por su madre, decide permanecer al lado de Josafat al saberse embarazada. Desde el principio se hace evidente que la vida en los Andes ha cambiado y que los viejos códigos de comportamiento señorial ya no funcionan. En una época, los comuneros habían labrado los campos de los dueños de las haciendas en pago al pasto devorado por sus animales. Inés por ejemplo había sido enviada por su madre año tras año a cocinar, hacer de niñera y lavandera, a sudar el pasto devorado por los animales (32). Sin embargo, la reforma agraria ha modificado sustancialmente la realidad del yanacona y del comunero. La hacienda Perseverancia es ahora una Sociedad Agrícola de interés Social y su nombre es Pueblo Nuevo. Los antiguos yanaconas, flamantes dueños de la estancia Perseverancia, deciden no reconocer los contratos que los antiguos hacendados habían firmado con los comuneros y exigen un pago por el pastizaje, pago que la madre de Inés se niega a asumir. Este personaje nos muestra de forma patética la inhabilidad de adaptación al cambio. Desde un principio se opone a las medidas de los yanaconas, y creyendo que los antiguos códigos de conducta pueden serle útiles, decide buscar al Juez Durán, hombre de influencias no mucho tiempo atrás. No obstante, el juez tampoco es capaz de reconocer las transformaciones que han tenido lugar en la sociedad andina, que las reglas del juego son otras: “Estoy estudiando el caso. Haré traer a esos indios, amarrados con sogas, los meteré al calabozo de pulgas, conocerán el infierno” (40). Y más adelante: “Los sacaré de su madriguera, eso sí conocerán mi fuerza… Yo soy un Durán comadre” (41). Al igual que la madre de Rosaura e Inés, el juez es incapaz de asumir la nueva realidad que se ha impuesto en los Andes.En un principio podría aseverarse que la forma en que Zorrilla presenta el mundo andino y occidental es simplista y esquemática. Rosaura abandonó Huaguil cuando había problemas, presa de su ambición. Inés, mientras tanto, permaneció al lado de los suyos aún en los peores momentos. Y si bien la sicología chola presenta el aspecto positivo de la dedicación al trabajo, también revela su aspecto negativo ya que lo único que a Rosaura le importa es el dinero. Pero, como bien lo señala Tulio Mora, Zorrilla no ha recurrido al maniqueísmo para recrear el desencuentro: lo urbano no es blanco, ni lo agrario indio, sino una realidad confusa, promiscua, híbrida (Mora 1996). Eso se hace particularmente evidente en el caso de Rosaura. Si bien ella se caracteriza por una constante negación de lo indígena, al final percibimos que espiritualmente, añora su aldea natal. En una de sus cartas le confiesa a Inés: “Y yo creo que no regresaré más. Aunque me gustaría irme por un par de día para caminar en el riachuelo subir al cerro que íbamos por la madrugada por el manantial”. Bajo un disfraz cosmopolita, su alma continúa vibrando con el mundo rural. Su vida, por lo tanto, como la de Charly, tiene un aspecto trágico. Si bien ella constituye la cara exitosa de la migración, Rosaura no es más que un sujeto tensionado y frágil que aún cuando haya logrado el ascenso social que ella tanto anhelaba y ya no sea pobre en términos económico sociales, en el fondo vive en un constante desgarramiento. Inés es para ella “lo que yo fui alguna vez, la muchacha no malograda por la plata que yo llevo dentro de mi” (128). Por eso, cuando su secretaria le pregunta si ella va a viajar a Miami, ella contesta: “Sierra adentro, allí está mi Miami” (138), lo que demuestra que a pesar de todos los logros Rosaura es una figura escindida, moviéndose entre el recuerdo y la añoranza por un lado y el necesario olvido de valores y tradiciones, por otro. Sin embargo, este personaje es consciente que ya no volverá a vivir en la sierra, que el tiempo ya no puede volver atrás. Por eso, cuando Inés muere, Rosaura decide llevarse consigo a Lima al nieto de Inés, hijo de Josafat y Tami. Aunque Rosaura ya no cambie, al acoger al niño, ella está de alguna manera asumiendo su drama interno al aceptar su doble origen y accediendo a una paz entre las partes antagónicas de su ser.Carretera al purgatorio En esta última entrega, Zeín Zorrilla continúa profundizando el tema que domina su narrativa: el choque cultural que sufren muchos provincianos a su llegada a Lima y los consiguientes problemas de adaptación e inserción el nuevo escenario. La historia comienza con la decisión de Ciro Sotomayor de volver a Ingahuasi, atendiendo el llamado del padre enfermo. Su viaje a la sierra se ve interrumpido por una avalancha que destruye un tramo de la carretera y permite que nuestro protagonista se reencuentre con Jessica, un amor de juventud. Si bien ambos tienen un origen común, enfrentan la vida de modo diferente. Y es allí donde reside el conflicto mayor, en la falta de sintonía de ambos, en las posturas diferentes que tiene cada uno frente a los desafíos planteados por el mundo moderno. Ella, convertida ahora en toda una mujer, independiente y hasta un poco cínica, está embarcada en el mundo moderno y sus vicisitudes; él, por su parte, sigue mirando atrás y añorando tiempos pasados. Luego de un deslumbramiento inicial ambos se dan cuenta que no son los mismos de antes. Ciro va descubriendo que Jessica no es la niña que fue, sino una mujer que ha entendido rápidamente cómo funcionan las cosas en la ciudad. Jessica, por su parte, se percata que Ciro sigue viviendo en el pasado, lo que le impide salir adelante y brindarle todo lo que ella quisiera merecer y lograr en esta sociedad occidental. Ciro toma conciencia que pertenece a un mundo feudal desaparecido, y que en la adaptación al mundo moderno que las circunstancias le exigen, Jessica le ha sacado una gran ventaja. Se trata de una relación sin futuro.
Si bien la trama de Carretera al purgatorio está planteada como una historia de amor, ésta es sólo una excusa para mostrar una sociedad atravesando profundos cambios, una sociedad agraria en doloroso tránsito a la modernidad. El escenario humano de fondo es de transformación, gentes que migran de uno a otro estadio cultural con variada suerte. A pesar de ser diferentes, todos los personajes tienen algo en común: ilustran una serie de facetas de la decadencia agraria y subrayan la idea de un mundo desaparecido para el cual ya no hay cabida, y por lo tanto, hay que olvidar. Don Dagoberto, por ejemplo, es un ex-acaparador de granos que afectado por la ruina del agro, ha decidido venderlo todo después de veintiún años y empezar un nuevo negocio vendiendo materiales de construcción. Aunque en un principio se resistió a reconocer los cambios provocados por la reforma agraria “atrincherándose tras la balanza de la plataforma y los sacos de maíz” (60), ahora es conciente de que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos. Sin embargo, no puede deslindarse de sus creencias y su pasado: va a la fiesta a regalarle a la virgen unos castillones y un manto para que lo ampare en el nuevo negocio. Lili, por su parte, es una enfermera técnica para quien el matrimonio de su sobrina representa un triunfo personal. Por un lado, ha logrado imponerse ante sus compadres quienes la habían humillado cuando apenas había llegado a la capital y se desempeñaba como empleada doméstica. Por otro, le ofrece la oportunidad de demostrarle a todos sus paisanos de cómo ha triunfado en la ciudad, de cómo ella si pudo hacer su sueño realidad. No obstante, a pesar de sus logros, ella es conciente de que en Lima son aún forasteros “En Lima no somos nada. Unos cholitos de la sierra, gente de relleno. Nada más” (47). Jon William por su parte, es un indiecito de dieciséis años en pleno tránsito a la adultez que viste una blusa verde brillante y botines que resuenan cuando camina, símbolos de la modernización que ya ha hecho su entrada a los Andes peruanos.
El huayco que interrumpe el viaje por unos días también le permite descubrir a Ciro que el pasado que él había conocido y en el que él había estado viviendo ya no existe. Ingahuasi es ahora Los Angeles de Ingahuasi y la hacienda de sus antepasados no es más que una hacienda en ruinas, una sombra de lo que fue. El primer personaje que le permite concientizarse de los cambios es Arroyo, un viejo que les brinda techo a Ciro y a Jessica el primer día del huayco cuando ella “toma la decisión” de pasar al otro lado. El viejo que en otros tiempos fuera dueño de la hacienda La Ponderosa pasó después de la reforma, se ha convertido en el dueño de una simple casa y una huerta. Le describe a Ciro el Ingahuasi de antes, en pleno furor de la feudalidad y también el otro Ingahuasi, el de hoy, que Ciro tampoco ha conocido. Pío Conce es otro personaje importante que igualmente da cuenta de las transformaciones experimentadas en la sierra peruana. Es a través de él que Ciro se entera de que la hacienda de su padre y los privilegios a los que él había estado acostumbrado no existen más y de cómo la reforma agraria dejó sin tierra y sin propiedad a su padre. Al igual que la madre de Inés en Las mellizas de Huaguil, Gamaniel había tratado de solucionar su situación con “amigos” pero pronto se dio cuenta que los apellidos y los contactos ya nada valían, y que “cualquier sapo vale más que un Sotomayor” (120), viéndose por lo tanto obligado a aceptar que ahora sea una de las hijas las que mantiene el hogar. Es también a través de Pio Conce, que Ciro descubre que su padre ha muerto muchos meses antes. Sin embargo, los personajes que revelan el cambio de manera dramática son los Cotay, indios que aún recuerdan con resentimiento los abusos sufridos en la hacienda de Gamaniel. Al enterarse de que Ciro es un Sotomayor, no tienen problema alguno en enfrentarlo y gritarle a la cara los delitos cometidos por el padre. Pero los tiempos han cambiado. Hoy son ellos los dueños de Los Angeles.
Existen otros personajes, que aunque menos importantes permiten apreciar otra faceta de las sociedades andinas o sus migrantes. Marco, por ejemplo, el hermano de Ciro, es un hombre que en otros tiempos buscó la destrucción de la hacienda como institución. Hoy no es más que un guerrillero arrepentido, un hombre de lomo arqueado que ha renunciado a sus sueños y vive ahora con una mujer de otro nivel, una indiecita del valle, borracha y lavandera que le ha dado tres hijos. Su vida va cuesta abajo: incapaz de llevar con dignidad su fracaso, no encuentra el valor para acompañar a Ciro y enfrentar al padre. La hermana de Ciro, por su parte, partió a Alemania en busca de un futuro mejor. Al igual que Rosaura en Las mellizas de Huaguil, se cambió el nombre, evidenciando una vez más esa necesidad del migrante de construirse una nueva identidad, una identidad que lo deslinde de su pasado indígena y le permita acceder al mundo moderno de hoy. La Helen de antes sin embargo no es la misma de hoy y anticipando una posible humillación, se niega a acudir al lecho del padre enfermo.
Vale destacar sin embargo, que a pesar de la existencia de una variada gama de personajes, Zorrilla nunca se aparta de su leitmotiv: la escisión del sujeto al que le ha tocado vivir entre dos mundos culturales diferentes. Desde el principio nos percatamos que Ciro es un sujeto escindido, desgarrado: “uno hecho de alfalfares y monturas, el otro hipnotizado por el brillo de la urbe, por lo restaurantes y el dinero. ¿Qué haría al fin? ¿Optaría por abandonar la ciudad y convertirse en un campesino; o terminaría por liquidar al nostálgico hombre que lo habitaba y marcharía sin vacilación hacia los edificios de vidrio y aluminio? (48). Al final de la novela sabemos que Ciro en realidad nunca llegará a Ingahuasi, que es inútil seguir viajando puesto que todo lo que el había conocido y le era familiar ya no existe.
No hay duda que la obra de Zeín Zorrilla encarna la búsqueda de la identidad del peruano de hoy. Esta búsqueda representa una permanente reflexión acerca de lo que constituye vivir en sociedades en transformación, caracterizadas por mundos disímiles como lo son el andino y el occidental. En toda su obra el tema es siempre el mismo: el choque cultural que sufren muchos migrantes provincianos y los problemas de adaptación e inserción en el nuevo escenario. Las alternativas de identidad que se le presentan al peruano de hoy son claras: o somos leales al Ande o nos aventamos a una occidentalización sin freno. Sin embargo, como hemos podido apreciar, la mayoría de los personajes de Zorrilla enfrentan de manera dolorosa su identidad: son sujetos escindidos, incapaces de hallar una síntesis o integración de las dos vertientes culturales que los tensionan.
Bibliografía
Cornejo Polar, Antonio. Escribir en el aire: ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas. Lima: Editorial Horizonte, 1994.Gutiérrez, Miguel. Los andes en la novela peruana actual. Lima: Editorial San Marcos, 1999.Zorrilla, Zeín. Las mellizas de Huaguil. Lima: Editorial San Marcos, 1999.—. Dos más por Charly. Lima: Lluvia Editores, 1996.—. ¡Oh Generación! Lima: Lluvia Editores, 1988.
Martha Cuba Cronkleton: Estudió traducción en la Universidad de Georgetown y relaciones internacionales en la Universidad de George Washington. En 1995 obtuvo una maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Florida, en Gainesville y en el año 2001 obtuvo de la misma universidad un doctorado en Literatura Latinoamericana con la tesis Identidades mestizas: una aproximación a la obra de Edgardo Rivera Martinez, Laura Riesco y Zeín Zorrilla. En la actualidad vive en la ciudad de Santa Cruz, Bolivia, y se desempeña como traductora y editora del Centro Internacional de Investigación Forestal con sede en Bogor, Indonesia.