por Juliano Vasconcellos (Brasil)
Sí (Lima), 13 de diciembre de 1999
Óscar Araujo León
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Las últimas novelas de autores peruanos publicadas en Lima revelan un trabajo que incide en el cultivo de la prosa y de las formas verbales, tal vez como desesperado recurso para disimular debilidades en la concepción y desarrollo de la historia contada: debilidades que se reflejan en personajes mal diseñados o en tramas echadas a perder, tal como ha sido tradición entre nosotros. ¿Será ésta una de las razones para que nuestros narradores (y cineastas) no alcancen talla internacional, ni siquiera latinoamericana?, excepción hecha claro está de Vargas Llosa y Bryce, aunque por motivos discutibles.
Los últimos asedios a la ficción (literatura, cine) provenientes de culturas desarrolladas, hablan de un avance del cual nuestros narradores (y cineastas) se encuentran a años luz de distancia. Y el panorama hasta hace poco se veía bastante desolador. La aparición de Las mellizas de Huaguil (Lima, Editorial San Marcos, 1999), de Zein Zorrilla (Huancavelica, 1951), viene no sólo a renovar esperanzas en la posibilidad de lograr una narrativa más lograda y madura en nuestro medio, sino en la posibilidad de una inserción entre sectores más vastos allende nuestras fronteras.
Zorrilla publicó el año pasado el polémico ensayo Un miraflorino en París: Ribeyro, la tortuosa búsqueda del Craft. Es autor, además, de una buena novela titulada Dos más por Charly. Y hace muchos años un libro de cuentos bastante enigmático: ¡Oh generación! (Lima, 1988).
Si comparamos novelas de lengua (de tradición) inglesa con novelas en nuestra lengua (tradición hispana) constataremos que las primeras cuentan una historia de manera clara y efectiva, evitando historias parásitas que conducen a callejones sin salida y evitando la cháchara, y el vacuo oropel del lenguaje que dificulta la llegada clara e integral de la historia. La capacidad de emocionar de toda historia de ficción debe llegar intacta; y no es a través de la lengua que esto se consigue, sino a través de los episodios, de los sucesos.
La novela de Zorrilla, no obstante estar ambientada gran parte en los Andes, va por el camino de una narrativa moderna, corte sajón, con una influencia notable de las técnicas que el cine viene imponiendo últimamente para un tratamiento eficaz de la historia que se quiere contar: la fragmentación, los saltos y las elipsis que evitan sucesos muertos o inútiles relegándolos al plano de lo tácito y lo sobreentendido.
Al comenzar, toda novela (historia de ficción) plantea un reto que al final debe estar cumplido, ya sea para bien o para mal; un problema que al final debe estar resuelto, feliz o infelizmente, triunfal o fracasadamente, pero si lo que se prometió al comienzo no llegara a cumplir —bien o mal— al finalizar, entonces nos encontraremos ante una novela fallada y fracasada.
En el caso de Las mellizas…, en la primera escena Rosaura regresa al pueblo de Huaguil al cabo de muchos años de ausencia; triunfadora y materialmente enriquecida; y llega para llevarse a Inés con ella. Sin embargo, Inés, aferrada a los viejos valores a los cuales jamás renunció, no acepta irse con su amiga; es más, le reprocha a Rosaura el haberlos “traicionado”. Luego de estas primeras páginas de Presentación del conflicto (todo conflicto es dual ésta es una clarísima novela de dualidades en pugna), la novela practica un gran flash-back donde se cuenta las vidas de ambas mujeres que optaron cada una por distintos caminos y cómo fueron encarando sus opciones.
La novela nos cuenta, pues, la historia de dos amigas que partiendo de un origen común, el pueblo imaginario de Huaguil en Huancavelica, la vida las lleva a elegir caminos diferentes, recibiendo lecciones también diferentes. Rosaura decide abandonar la sierra, el agro, es decir, su tradición y su pasado, y viajar a ciudades cada vez más modernas y occidentalizadas: Huancayo primero, Lima después, haciéndose de una considerable fortuna con negocios lucrativos. Inés, en cambio, decide quedarse en el pueblito de Huaguil, fiel a sus tradiciones, a su familia, y a diferencia de Rosaura, tiene que enfrentar problemas de otro tipo derivados de su decisión: el terrorismo, la decadencia de la hacienda luego de
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© Juliano Marques de Vasconcellos, 2007.