Zein Zorrilla: El Artillero de la Ficción

por Juliano Vasconcellos (Brasil)

Desde la sierra central

El Sol (Lima), Jueves 16 de mayo de 1996

Cesáreo Martínez

Con inusitada solvencia literaria, los convulsivos años setenta empiezan a ser tratados por los nuevos narradores peruanos. Si los movimientos sociales y la poesía peruana fueron protagonistas indiscutibles de aquella década, la urdimbre de los hechos que se produjeron en la misma hoy empieza a ser revelada con sagacidad por nuestros novelistas.

Es evidente la preeminencia de la novela sobre la poesía en el Perú de hoy. Por ello, no nos sorprende la aparición de Dos más por Charly, reciente entrega de Zein Zorrilla (Lima, Lluvia Editores, 1996; 164 pp.), narrador de la Generación del 70 que en 1988 publicó su primer libro de relatos ¡Oh generación!.

“Novela singular e inclasificable”, anota Martin Lienhard en la presentación. En efecto, precisamente su singularidad la hace inclasificable. La maestría narrativa de Arguedas y Vargas Llosa orientó nuestra percepción literaria en forrna bipolar, de modo que debemos agilizar nuestros instrumentos para poder captar los nuevos contenidos de una nueva sensibilidad.

Carlos Guzmán, un migrante atlpico que incursiona en la picaresca peruana, es el cabo de una familia de terratenientes quillabambina venida a menos, porque “(la tierra) estaba enferma desde hacia dos generaciones. Las cosechas se perdían, el sudor de los hombres se vertía sólo para salar más la tierra”.

Perdida la esperanza en la tierra, los padres de Carlos Guzmán (Charly para sus amigos), se aferran a un espejismo: cambiar su situación económica y social haciendo de su hijo un ingeniero. Lo envían a Lima, presumiblemente contra su voluntad, donde el joven fracasa en tres intentos de ingreso a la Universidad de Ingeniería.

Todavía habrá un cuarto intento, hecho con el que se inicia el relato, de cuyo fracaso sólo seremos informados en las últimas páginas, cuando el Gitano dice “Charly estaba en otra nota”, dando luces sobre la vida y muerte del protagonista.

La convicción del ascenso social vía la profesionalización está profundamente enraizada entre los estratos medios y bajos de nuestra sociedad. Por ello, el fracaso de Charly tiene dimensión de tragedia en su familia, sobre todo en su madre, quien cree haber “engañado” a su marido “entregándole un producto contrahecho, imperfecto, un fruto perdido”.

El envilecimiento de Charly se da mediante un proceso que se inicia cuando cínicamente declara haber ingresado a la universidad. Entonces aparece el gran simulador que “estudia” libros de especialidad hasta largas horas de la noche. Con la pasmosidad de El extranjero de Camus, acepta los hechos, imperturbable. Acepta lo que con sacrificio le dan los suyos.

Pasto de la nostalgia por el terruño, es un hombre sin principios que no se enfrenta a su circunstancia. No hay en él ni rebeldía ni utopías ¡en plenos años setenta! No rechaza nada ni se apega a nada. No es capaz de dar amor. Lo recibe cuando se le ofrece. Y por cobardía abandona su posibilidad de salvación que se la ofrece Celia Illanes, mujer bien ubicada en la realidad.

Estamos pues frente a un personaje atípico, por lo menos en la novela peruana, pero que se encuentra con frecuencia en nuestra sociedad. Zein Zorrilla, a través de una prosa tersa y una dicción cuidada, elegante y poética, ha pintado la decadencia de una clase social que tenía en la tierra la única fuente del sustento y el poder.

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© Juliano Marques de Vasconcellos, 2007.

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