Con estupefacción me enteré del plagio a un cuento que habría realizado nuestro amigo Oscar Colchado al escritor mexicano Orlando Ortiz.Y me puse a leer ambos cuentos, recordando que lo que en última instancia define el carácter de una obra de ficción son la “Premisa”, o idea básica, y la “Trama”.Si bien el cuento de Ortiz y el de Colchado comparten, de modo por demás ostentoso y nada disimulado, la “Voz narrativa”, y la “Escenografía”, las diferencias se plantean a la hora de desarrollar la trama.El cuento del Ortiz se desarrolla casi con ausencia de trama, como corresponde a un aplicado alumno del “Noveau Roman” bajo cuyas premisas parece haberse concebido la pieza.El cuento de Colchado en cambio se construye sobre una poderosa trama que es presentada ni bien comenzado el cuento y va directamente hasta el párrafo final, logrando su efecto por la acumulación de tensiones y la dosificación de informaciones.Nada de esto acontece en el cuento del mexicano.
Una vez concluida la lectura de ambos cuentos, uno se pregunta si Colchado escribió el suyo luego de una lectura, incitante por lo que vemos, del cuento de su par mexicano; o si esa “Voz narrativa” y esa “Escenografía” son patrimonio común a los discípulos del ingeniero Robbe Grillet.
En todo caso, Oscar Colchado nos ha entregado un cuento de factura lograda, y si alguna deuda le tiene a don Carlos Ortiz es un par de Pisco Souers la próxima vez que se vean, pues es posible que sin la lectura de ese cuento ajeno, Oscar no hubiera empezado el suyo, no hubiera entrado a la plaza de este pueblo, por esa calle al menos.