por Juliano Vasconcellos (Brasil)
vargasllosa.org, 12 de abril del 2003
por Augusto Wong Campos
Zein Zorrilla nació en Tayacaja (Huancavelica, Perú), el 21 de setiembre de

Foto: Esteban Quiroz Cisneroz.
¿Es usted un escritor de profesión o es una afición?
Que viva de la escritura, no; que viva para la escritura, sí.
¿En qué circunstancias llegó a familiarizarse con la literatura?
Mas bien con la Ficción. Y fue a través de las historias orales escuchadas de niño, luego de la lectura de novelas en ediciones TOR, unos libros gruesos que luego descubrí eran, en su mayor parte, ediciones resumidas: La guerra y la paz en 240 páginas, El idiota en 250. Pero entonces no importaba. Luego concurrió la iniciación en el teatro escolar: Lorca, Casona, Calderón. Y también el cine de México y la Argentina. A la literatura como tal, sólo a partir de los quince años, o dieciséis. Primero fue el Gran Universo de la Ficción.
¿Cuál es el género que prefiere?
Para producir: la novela. Y el cuento, cuando se trata de afilar cuchillos. Para consumir: novelas, y guiones cinematográficos.
¿Qué significa para usted la ficción? Cuéntenos sobre su formación de escritor.
Ah, pregunta breve de respuesta infinita. El hombre produce y consume ficción, en cualquiera de sus formas en su afán de completar el mundo. Huimos de nuestros temores, y corremos tras nuestras ilusiones. Todo hombre se mueve entre esos dos polos generadores de la Historia, y de las pequeñas historias.
¿Mi formación? Es una formación técnica, pero no guardo una aproximación muy técnica a la Ficción, es decir no lo suficientemente técnica como amerita la novela contemporánea. Y entiendo por técnica todo el conocimiento empírico (de mecanismos que la experiencia sanciona como funcionales) Luego de miles de años de narrar historias, o espectar o leer historias, hay un conocimiento a comprender y adaptar a los fines que cada novelista pueda tener.
¿Cuáles cree usted que son los “requisitos” indispensables para un escritor del siglo XXI?
Cada novelista tiene los suyos. Si recurrimos a la fórmula de Pound, yo diría: que el novelista requiere estudiar cincuenta obras de teatro, desde Calderón, pasando por Shakespeare, terminando con Miller y Mamet; requiere lee cien novelas del siglo XIX, desde Stendhal hasta Thomas Mann, pasando por Balzac y todos los rusos; requiere ver, una y otra vez y guión en mano, quinientos y un films, desde Griffiths hasta Kusturica, pasando por films como Casablanca y el inolvidable Memorias del Subdesarrollo, o aquel otro Nos habíamos amado tanto; ver todo Bergman y todo Kurosawa. Y por qué no, todo Woody Allen.
¿Pero en ese orden, y en esas cantidades? En cualquier orden; y de cantidades, si es el doble mejor. Solo de ese modo desarrollará lo que Hemingway llamaba un detector de mierda, herramienta necesaria a un escritor. Así podrá librarse de la pesadez y el realismo de las novelas del siglo XIX, de la incoherencia y la falta de cohesión que trajeron a la novela por más de un siglo las oleadas Modernistas desde los tiempos de Baudelaire. Y nuestro novelista no caerá en la banalización de contenidos a la que nos lleva la supuesta moda Posmodernista que inunda el cine y la novela de los últimos tiempos.
Antes de su participación en el premio, ¿había intentado que sus escritos sean difundidos? ¿De qué manera?
Claro que lo intenté. Pero mi obra no se inserta dentro de lo que en el Perú podemos llamar Cultura Criolla Hegemónica, la que se arroga para sí la representatividad de la nación. Y me gusta que hayan premiado una obra andina, de autor andino.
¿Tiene agente literario, ha intentado conseguir uno?
Llamé a la puerta de bronce de Carmen Balcells, a la puerta de acrílico de Schavelzon. Espero tener una obra grande en las manos un día, acercarme a cualquier puerta y abrirla de un puntapié. ¿No es así que se hacen las cosas?
¿Qué piensa de los autores bestsellers? ¿Es una aspiración suya ser bestseller?
ZZ: Respeto a todo autor. A todo el que suda por concebir una historia y por darle forma, por penetrar en el profundo significado de esa historia, por publicarla y lograr que alguien la compre y la lea. Y que al final todas esas operaciones le permitan llevar el pan a su mesa. Mi más grande respeto a todos los escritores, desde Stephen King, hasta el más anónimo provinciano que refugiado en su casa de esteras, sueña con viajar a Estocolmo un día a recibir el reconocimiento a la obra de toda una vida.
En su vida diaria, ¿cómo distribuye su tiempo entre el trabajo que le permite vivir y su trabajo de escritor?
Difícil precisarlo. El quehacer diario, de donde viene el pan; y el quehacer literario, de donde viene el pastel, son madejas imbricadas de modo indisoluble.
Dado que los dos ganadores de los Premios patrocinados por Icimavall son peruanos residentes, y por tanto tienen un trabajo que les da de vivir y la escritura es una actividad ad honorem, ¿tiene como uno de sus objetivos vivir de lo que escribe, como los escritores sajones o su compatriota Mario Vargas Llosa?
No. No podría vivir sin ese otro quehacer que me ha permitido conocer gentes y situaciones que sólo y frente a los libros jamás hubiera logrado tener. Sonaría romántico decir que sí, pero sería falso, y no recomendaría a nadie que lo haga. ¿Ha leído esas novelas escritas por gentes que solo frecuentan escritores? ¿Ha visto que sus personajes son solo más escritores o pintores, es decir casi siempre gentes de sensibilidad superior? Melville arponeó ballenas, Twain se plantó ante el timón de un barco, y Conrad y el mar, y Tolstoy y la hacienda. No, en definitiva. Espero y hasta el fin de mis días seguir fabricando máquinas y leyendo a Coetzee, a Kureishi e Ishiguro, gozando con Kaurismaki. Lo uno, complementa a lo otro.
¿Qué significa para usted Mario Vargas Llosa?
El novelista peruano más grande del Siglo XX. Una lástima que su poética está tan lastrada por el afán documentalista de la crónica, típico del siglo XIX; y por los experimentos sin ton ni son de las vanguardias, típico de comienzos del siglo XX.
¿Cuál es su opinión general de los premios literarios?
Acabo de ganar éste, mi opinión por tanto carecería de la requerida ecuanimidad.
¿Cuál es la importancia que tiene para usted ganar este Premio Internacional de Novela?
Es un premio a la novela andina, a los escritores andinos relegados de las antologías criollas. Y será un real consuelo, el día que uno tenga que acomodarse en el cajón.
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© Juliano Marques de Vasconcellos, 2007.