Zein Zorrilla: El Artillero de la Ficción

por Juliano Vasconcellos (Brasil)

Alter ego: Zein Zorrilla, escritor ingeniero

Entrevista transmitida en el programa “Vano oficio”, dirigido por Iván Thays, el 29 de abril del 2003.(Televisión Nacional del Perú.)

El novelista hoy, en sus funciones de ingeniero.FOTO: Caretas.  

 

 

 

 

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    ZZ: “Esa tradición de que para escribir novelas hay que estudiar literatura parece muy nueva, más bien daría la impresión de que surge por finales del siglo XIX, mediados del siglo XIX, y un poco yo diría está asociado al surgimiento del intelectual, porque antes del XIX tú podías encontrar, aún en pleno XIX, que los escritores ejercían una serie de quehaceres que les permitían no sólo llevar el pan a la mesa sino conocer el mundo y conocer diversos personajes, circunstancias. Si no tuviéramos por ejemplo el quehacer dramatúrgico, el quehacer teatral de Dickens es prácticamente impensable que hubiera podido conocer a tantos personajes, tan variados y tan diferentes; sin la experiencia de piloto de río que tenía Mark Twain, de minero que tenía Mark Twain, hubiera sido imposible pensar la cantidad, nuevamente, de personajes y de circunstancias con que él nos regala. No sólo eso, tú puedes ver Conrad, Joseph Conrad; Tolstoi, sus grandes pulsiones, la gran preocupación de la feudalidad en él, la feudalidad en ejercicio en Tolstoi. Dostoievsky, que estudió ingeniería y trabajó unos meses en el cuerpo de ingenieros del zar, y tuvo otro tipo de aproximación a la realidad. Yo pienso que puede enriquecer la visión del mundo un quehacer paralelo. Obviamente que una vez que tenga una visión del mundo enriquecida necesitará aprender el oficio para poder acceder a la escritura. Entonces en ese momento recién se puede hablar de literatura.”    

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    ZZ: “Yo pensaba, bueno, han habido muchos médicos escritores, han habido abogados escritores, periodistas escritores, lo sabemos, pero también ha habido otra rama muy pequeña que es la de los ingenieros escritores. Éstos, hasta donde conozco, esta élite, este ramal si se quiere, empieza con Dostoievsky, y termina un poco con Alain Robbe-Grillet, que es ingeniero agrónomo, un ingeniero que pretendió cambiar todas las bases de la narrativa clásica con el ‘nouveau roman’. En mi caso, el ejercicio de la ingeniería y el ejercicio de la literatura. Curiosamente, para mí sería bien difícil precisar si podría prescindir de la ingeniería. Un poco la idea romántica uno la alberga siempre o la albergó hasta los treinta, cuarenta años de edad en que uno creyó que en algún momento podía prescindir de la ingeniería y dedicarse cien por ciento a la literatura. Pero créeme, a través del ejercicio de la ingeniería, el ejercicio que he hecho en minas sobre todo, me ha permitido viajar por todo el país prácticamente. Y el conocer diversos estratos de seres humanos a los cuales puedes observar sin darse cuenta de que son observados, y en circunstancias vitales maravillosas. Y entonces, ya alrededor de hace unos diez años más o menos en mí se ha ido apagando esa ilusión juvenil de en algún momento dejar la ingeniería para hacer sólo literatura. Hoy en día la vida para mí sería imposible de concebir haciendo una sola cosa, o sólo ingeniería o sólo literatura. Imposible.” 

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    ZZ: “Una de las preguntas que uno podría hacerse es si esta coexistencia de dos disciplinas en una persona se estorban o se benefician. Lo que puedo afirmar hoy en día luego de cuarenta o cuarenta y cinco años de llevar esa experiencia a cuestas, es que las dos se ayudan y llegan a convertirse en las dos caras de la misma moneda. Entonces yo diría no hay ningún hecho ingenieril mío que no esté teñido por el fuego de la literatura. No sólo por el fuego así hablado en abstracto sino por esa búsqueda del conocimiento de modo desinteresado que nos ofrece la literatura. El joven que lee un poema, el hombre que está buscando los manifiestos de André Breton, no lo hace buscando un fin práctico, es la búsqueda más absoluta y desinteresada del conocimiento. Eso, llevado a la literatura, tú vas a tener un ingeniero que te lee catálogos, manuales, te explora mecanismos, chequea fórmulas, en forma desinteresada. Y más adelante te sirve, de alguna forma uno se hace una famita de un ingeniero más o menos eficaz. Pero de otro lado, obviamente la pregunta es y de qué sirve la ingenieria a la literatura. Yo diría una barbaridad. Que puede resumirse más o menos en esto: la ingeniería llegó en cierto momento a la conclusión de que para construir palacios, para construir catedrales, había que saber algo más que construir ladrillos. Es decir, había que saber algo más que construir frases, no es la sola literatura, no es sólo el manejo literario que hace la gran obra literaria, es ante todo el conocimiento de una estructura muy grande de comunicación, y esa estructura comunicativa para mis fines se llama ficción. La transmisión de experiencias que comunican y a la vez emocionan, indesligablemente; en esta búsqueda, creo, tremendamente ayudó la ingeniería a mi literatura. Yo no podría concebir un quehacer ahora divorciado el uno del otro. Creo que hay que seguir para adelante independientemente de los frutos que vaya a dar.”

 

 

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© Juliano Marques de Vasconcellos, 2007.

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