por Juliano Vasconcellos (Brasil)

La República (Lima), Domingo 4 de agosto de 1996.
Pedro Escribano
| ¿Qué propone tu primera novela Dos más por Charly?-Explorar un segmento social que se origina con la descomposición de la sociedad feudal terrateniente de la sierra y la descomposición de la sociedad colonialista criolla. Un hombre y una cultura que perfilan un nuevo país.-¿El desafío de un hombre de mentalidad feudal en una sociedad moderna?-El desafío de un hombre de interfase, con un pie en la sociedad feudal y otro en la actual. En esta época en que la religión es el éxito, Charly intenta abrir la lente del lector, intenta alertar que todo éxito es pasajero, que tras el éxito corren las tragedias… |
| -¿Pero cuál es la novedad de Dos más por Charly?-Los temas de la literatura son siempre los mismos. El tema del individuo que renuncia a sus propios sueños para realizar los sueños de sus padres, fue ya trabajado por Balzac, por Faulkner. En ese sentido Charly es el hijo de Zilphia Gant, el nieto de Eugenia Grandet. Yo asumo la tradición universal como mi tradición.-¿Tu novela plantea un problema social, casi a contracorriente de lo que se está haciendo en la nueva narrativa?-Los individuos no somos más que el entrecruzamiento de una tradición biológica con una tradición cultural. Los destinos son grandes o pequeños en relación a la grandeza o la pequeñez de las obras que sean capaces de ejecutar. En ese contexto, ¿qué puede importarle a la literatura en estos tiempos de vacilaciones -pasado el tiempo de dolor- aquellas vidas que alcanzaron el “éxito”? La literatura debe ser dramática. Las grandes esperanzas y posibilidades de la época están forjándose allá donde alguna vez se derramaron la sangre y el sudor. Es un marco que trasciendoe a lo intimista, a lo puramente estético.-¿Con ese criterio Ribeyro no hubiera escrito historias cotidianas?-Para los condenados que vamos de la cárcel al patíbulo, y miramos al mundo por última vez, nada es cotidiano. La diferencia entre una página de Tolstoi con una de Kafka es sólo de matiz.-Tú celebras que los jóvenes no escriban pensando en el Perú. ¿No contradices tu tesis de los grandes conflictos?-Con propósito o sin él, escriben desde y sobre esta realidad. Pero cuando un Bellatin, un Thays manifiestan que no les interesa escribir una literatura peruana, me parece fantástico…-¿Es la libertad de crear?-Lógicamente. Esta ruptura de límites hace posible que los jóvenes escritores asuman la gran literatura universal como su tradición. Basta de caballeros carmelos, de ña catitas y Luis Alberto Sánchez y tantas pésimas páginas que el mismo Sánchez escribió.-Vargas Llosa en el cincuenta reprochaba lo telúrico…
-Lo telúrico es uno de sus demonios. Luego de haberle negado méritos, se dedica a escribir ahora un libro sobre Arguedas… -Es que lo telúrico era una suerte de moralina de algunos escritores para llamarse peruanos. Son opciones a respetar. Tan poca gente lee, tan poca gente escribe, que suena absolutamente irresponsable estar tirando piedras a los pocos que lo hacen. -¿Tú como escritor quieres responderle a la historia y a la sociedad? -Total. Me interesa explicarme qué cosas han pasado acá. Aunque tal vez la literatura no tenga obligación de plantear respuestas, sólo la de seguir ahondando en las preguntas… -¿No crees que tu lenguaje es demasiado pasivo para el drama de Charly? -De acuerdo. Yo salía de la terrible experiencia de ¡Oh Generación!, un libro de cuentos que aparte de algunos amigos nadie más ha podido leer. No he tenido el valor de hacer una cosa igual. -¿Esta vez has hecho una concesión? -Pero me fue tan difícil como hacer lo otro. En ¡Oh Generación! el lenguaje se instalaba entre la historia y el lector, era motivo de disfrute. En narrativa, el lenguaje debería desaparecer… fundirse con los hechos… -Pero en Dos más… es lírico. -Es técnico. Ciertos párrafos patéticos exigían oxigenarse con brochazos de lirismo, de repente recargué las tintas, pero así pudieron salvarse. Aunque a algunos no les gusta. Dicen, por ejemplo, que no describo “bien” la ciudad. No era mi objetivo describir “bien” la ciudad. Tenía que describir Lima a través de los ojos de un hombre que tenía el Ande y el agro en la retina. -Algunos críticos señalarían que tu obra es regional… -En cierta forma tendrían razón, siempre que señalaran que la narrativa, digamos, de Ampuero también es regional, de la región de Miraflores. Los criollos no tienen derecho, por el hecho de escribir en Lima, a arrogarse para sí la representatividad nacional. Todos somos regionales. —¿Puedes explicarte el auge de la narrativa urbana? -Asunto de circuitos culturales. Podríamos decir lo mismo de la narrativa rural. Para mí la urbe es monótona pero leo con delectación a los escritores urbanos. Yo, resultado de una sociedad feudal andina venida en ruinas; los limeños, de una sociedad colonial destruida, Qué riqueza de país para que existan escritores tan distintos. —¿Y serán leídos…? —No como quisiéramos. Todavía somos un pueblo de hábitos y de cultura colectiva. La literatura, como la conocemos, es un producto de creación y goce individual. Recuerdo que Martin Lienhard ofrecía una conferencia sobre cultura popular. Le escuchaban 13 personas. Pero en la calle había una comparsa de ocho cuadras de carnaval ayacuchano rumbo a Acho. Ese es el sello de nuestra cultura colectiva. —¿Qué sucede con el escritor de provincia, asume la segregación? —Suceden dos cosas: se mimetiza para convertirse en un segregador más; o se opone. —¿En qué lugar te ubicas tú? —En un país de racistas, no niego -aunque trato de ser racional y no puedo-, me considero un indio racista. No tolero a los blancos. —¿No es eso un exabrupto? —Es lo terrible de las sociedades bipolares. La nuestra lo es. En una sociedad esclavista, existe el rol de patrón y el rol esclavo. Cuando libertas a un esclavo, estás creando otro patrón; no existe el rol de hombre libre. En la sierra pasó igual. Los hacendados salían de sus haciendas a las ciudades donde nada ni nadie los confirmaba como tales y se comportaban exactamente como sus yanaconas. Los yanaconas recibieron la tierra de Velasco y empezaron a comportarse como hacendados. En la sociedad feudal o eres siervo o eres señor, no hay posibilidad de ser igual. ¿A quién? -Para terminar, una pregunta banal: ¿por qué escribe Zein? -Te lo digo con esta metáfora: “Un soldado herido se arrastra conteniendo sus entrañas. Arriba a una casa desierta. En postrer esfuerzo alcanza la ventana y rasga el vidrio con una piedra: Kilroy estuvo aquí“. Por eso. |
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© Juliano Marques de Vasconcellos, 2007.