por Juliano Vasconcellos (Brasil)
por Ricardo Virhuez Villafane
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El arte de la novela es uno de los espacios estéticos menos desarrollados en nuestro país, no porque no existan novelas sino porque la génesis de estas no corresponde a una preparación previa, a una tradición formadora para los escritores.
Tal vez este ‘darse cuenta’ sea la base sobre la cual Zein Zorrilla elabora un ensayo destinado a llamar la atención sobre algo tan elemental como inadvertido. Zein se pregunta: ¿Por qué para ser arquitecto se estudia arquitectura, para ser pintor se estudia pintura, y para escribir novelas no se estudia nada? Un abogado encanecido con muchas historias acumuladas o un jubilado con mucho tiempo libre creen llegado el momento de plasmar su vida en novelas y se lanzan a escribirlas; no se discute su derecho de hacerlas, sino de hacerlas sin ninguna preparación. Pues el resultado inevitable será poco alentador. Y lo peor, servirá acaso de modelo para jóvenes novelistas ansiosos de emular la obra de los mayores.
El ensayo de Zein, con estas bases, construye un alegato en favor del conocimiento del arte de la novela, de la preparación del escritor. Lo cual no debería ser ninguna novedad si en nuestro país se enseñara este arte de la ficción como se hace en Estados Unidos, México, Argentina, España y muchos otros países con tradiciones más rigurosas.
Pero Zein Zorrilla va más adelante y no se detiene en la falta de tradición peruana, sino que estudia las causas por las cuales la novela se transforma en el mundo, deja de ser el artefacto coherente de los maestros del siglo XIX y, gracias al modernismo, se vuelve en simple acumulación de anécdotas, en experimento lingüístico, en libro sin trama y con débiles historias.
Por tanto, las causas de una novela anecdotista no descansan en la tradición impresionista peruana, sino que es un fenómeno mundial del que hemos sacado malos provechos. Y propone, ya que los cambios en la novela se produjeron en Europa y Estados Unidos, que
Esta propuesta no es nueva en Zein Zorrilla, ya que en trabajos anteriores proponía una novela andina autónoma luego de asimilar las experiencias europeas y sacar lo mejor de ellas, para no ser copia fiel ni calco postizo, y para no depender de cánones europeos sino más bien de un proceso creativo auténtico y autónomo.
El libro es rico en propuestas y, con un estilo agradable y dinámico, culmina con un ejercicio sobre un cuento de Milan Kundera. Acaso valga la pena resaltar algo más que una excelente edición y un pensamiento vigoroso en este libro de Zein Zorrilla, y añadir el estilo que puede ser irónico y alegre, siempre vibrante, preciso, amistoso.
Esta propuesta coincide con una crítica de larga data hacia las universidades donde se enseña literatura en el país, pues todo lo que hace es enseñar historia de la literatura, cuando debería -por lo menos- apuntar a tres objetivos: creatividad literaria, análisis y crítica literaria, y finalmente historia de la literatura. Demás está decir que la creatividad literaria es el corazón de la carrera, la cual lamentablemente no se enseña en las universidades sino como talleres libres a cargo de escritores (Cronwell Jara, Oswaldo Reynoso, por ejemplo) o críticos literarios (Willard Díaz, en Arequipa).
La mirada de Zein a nuestra narrativa es, por ello, paternal y crítica. Lanza observaciones irónicas sobre los presupuestos de quienes, sin tener la mínima idea de la novela, afirman que lo más importante de esta es el lenguaje, y no la historia ni la trama. Su voto por una construcción coherente y un argumento atractivo en la novela, sin embargo, lo coloca en una situación límite, de decisión sobre determinado tipo de novela y no de otro.
Para comprender esto último volvamos a Aristóteles, que Zein cita del inglés: «De las tramas simples (…) las episódicas son las peores. Llamo episódica a una trama cuya secuencia de episodios no es necesaria ni probable. Los poetas de segunda componen este tipo de tramas de propia voluntad; los buenos poetas lo hacen por exigencia de los actores: como escriben para competir, desarrollan la trama más allá de su potencial, y siempre se ven forzados a distorsionar la secuencia». Esta afirmación es una clara crítica a las novelas episódicas; una de las más famosas es, sin duda, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y lamentablemente también buena parte de la novelística peruana.
Me quedo con la interrogante. Y con la convicción de que los esfuerzos de Zein Zorrilla son un alegato importante en favor de la buena literatura peruana. Ojalá no solo los jóvenes lo escuchen. El compromiso es de todos los novelistas.
Fuente: Breviaros - Virhuez