Zein Zorrilla: El Artillero de la Ficción

por Juliano Vasconcellos (Brasil)

Zorrilla y el nuevo rostro de los Andes

Cultura.  La República - 21/01/2007.

 

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Por Pedro Escribano.

Quizá haya que reparar un poco más en el narrador Zein Zorrilla, sobre todo en su perfil de cuentista. No solo porque él es una expresión notoria de los escritores de más allá de los linderos de Lima sino porque su escritura está intentando retratar al nuevo poblador de los Andes. El internet, la televisión, las mineras transnacionales, las ONGs y la violencia política han cambiado la mentalidad del campesino y, en general, la del hombre andino. Ingeniero minero de profesión, Zorrilla es uno de los mentores de la llamada “novela andina” –publicó La novela andina: tres manifiestos– y a pesar de ello no apareció en la polémica de andinos y criollos en la que Miguel Gutiérrez fue una suerte de portaviones. Con todo, Zorrilla es un autor sui generis. Conocimos a Zein en los años 80 en la mina Huaron, a cinco mil metros de altura, en Cerro de Pasco. En su casa, que estaba bajo una cúpula, a manera de invernadero servía helados como en Miraflores y cultivaba tomates y rosas. Allí tenía una nutrida biblioteca de novelas en inglés y francés. Para ser andino, Zorrilla habla francés e inglés, además de quechua. Este escritor en esos años publicó el libro de relatos ¡Oh, generación!, un texto críptico, para nosotros un libro fallido, quizás por arrastrar a Faulkner a los Andes sin haberlo procesado. Pero Zorrilla acusó recibo. Publicó otros libros: Dos más por Charlie (1996), Las mellizas de Huaguil (1999) y Carretera al Purgatorio (2003). En su último libro, El bosque Almonacid y otros cuentos (2005), exhibe lo aprendido.

Lo más notorio en este libro es que, así como Ribeyro retrató el alma del limeño de clase media, Zorrilla procura también retratar el nuevo rostro de los Andes. En sus libros anteriores ya lo había intentado sin dejar de hacer calas con personajes típicos como los arrieros, negociantes de aguardiente, entre otros. En El bosque… es enfático en personajes de la actualidad. Quizás baste citar el cuento “El maestro soldador”, un operario que trabaja en la soldadura de tuberías de una hidroeléctrica. Es decir, Zorrilla ya no está mirando solo al campesino –ya no es el épico de Alegría y Arguedas, tampoco el lírico de Eleodoro Vargas Vicuña o el de clase media rural de Zavaleta– sino una nueva clase de andino, el oficiante, el negociante y toda esa masa que ha dejado de ser campesina. Solo que Zorrilla, como sus personajes, tiene que soldar aún más su escritura.

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© Juliano Marques de Vasconcellos, 2007.

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